miércoles, 14 de julio de 2010

Ante textos bíblicos contradictorios, ¿Cuál debo escoger?

1.  Ante textos bíblicos contradictorios, ¿Cuál debo escoger?
7.1      PP 143-144: “Tanto Abrahán como Sara desconfiaron del poder de Dios, y este error fue la causa del matrimonio con Agar.  Dios había llamado a Abrahán para que fuese el padre de los fieles, y su vida había de servir como ejemplo de fe para las generaciones futuras.  Pero su fe no había sido perfecta.  Había manifestado desconfianza para con Dios al ocultar el hecho de que Sara era su esposa, y también al casarse con Agar. Para que pudiera alcanzar la norma más alta, Dios le sometió a otra prueba, la mayor que se haya impuesto jamás a hombre alguno.  En una
visión nocturna se le ordenó ir a la tierra de Moria para ofrecer allí a su hijo en holocausto en un monte que se le indicaría.
7.2     
6



A. T. Jones – RH 31/01/1899: Cuando Abraham y Sara renunciaron a todo su esquema de incredulidad, que había dado como fruto a Ismael, y se mantuvieron por la sola fe –dependiendo únicamente de la palabra de Dios–, nació Isaac, el auténtico hijo de la promesa divina. Dando oído a la voz de Sarai (Gén. 16:1), Abram se había desviado de la línea de estricta integridad a la palabra de Dios, de la auténtica fe; y ahora que se había vuelto a la palabra solamente, a la fe verdadera, debía ser probado antes de que pudiese cabalmente decirse de él que su fe le fue contada por justicia. Había creído solamente la palabra de Dios, en contra de lo que Ismael representaba, y había obtenido a Isaac, el auténtico hijo de la promesa de Dios. Y ahora, tras haberlo obtenido, queda por ver si retendría la confianza en la sola palabra de Dios, incluso en contra del mismo Isaac.”
7.3      Gén 22:1  Y ACONTECIO después de estas cosas, que tentó Dios á Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Gén 22:2  Y dijo: Toma ahora tu hijo, tú único, Isaac, á quien amas, y vete á tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.
7.4      PP 145: “Satanás estaba listo para sugerirle que se engañaba, pues la ley divina mandaba: "No matarás," y Dios no habría de exigir lo que una vez había prohibido.  Abrahán salió de su tienda y miró hacia el sereno resplandor del firmamento despejado, y recordó la promesa que se le había hecho casi cincuenta años antes, a saber, que su simiente sería innumerable como las estrellas.  Si se había de cumplir esta promesa por medio de Isaac, ¿cómo podía ser muerto?  Abrahán estuvo tentado a creer que se engañaba.  Dominado por la duda y la angustia, se postró de hinojos y oró como nunca lo había hecho antes, para pedir que se le confirmase si debía llevar a cabo o no este terrible deber.  Recordó a los ángeles que se le enviaron para revelarle el propósito de Dios acerca de la destrucción de Sodoma, y que le prometieron este mismo hijo Isaac.  Fue al sitio donde varias veces se había encontrado con los mensajeros celestiales, esperando hallarlos allí otra vez y recibir más instrucción; pero ninguno de ellos vino en su ayuda.  Parecía que las tinieblas le habían cercado; pero la orden de Dios resonaba en sus oídos: "Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas." Aquel mandato debía ser obedecido, y él no se atrevió a retardarse.  La luz del día se aproximaba, y debía ponerse en marcha.”
7.5      A. T. Jones – RH 31/01/1899:Pero si Isaac era ofrecido como ofrenda ardiente, si era quemado, ¿qué sería de la promesa de que todas las naciones serían benditas en él? ¿Qué sucedería con la promesa de que su descendencia sería como las estrellas del cielo en multitud? Y sin embargo, la palabra era firme: Ofrece a Isaac como ofrenda ardiente. Abraham había confiado sin reservas en la sola palabra de Dios, en contra de Ismael; pero esto era más que confiar en la palabra de Dios, en contra de Isaac: ¡era creer la palabra de Dios, en contra de la palabra de Dios! Y Abraham lo hizo, esperando contra toda esperanza. Dios había dicho: Tu simiente será como las estrellas del cielo; en Isaac te será llamada simiente; ofrece a Isaac como una ofrenda ardiente. Abraham no insistió en que Dios debía ‘armonizar esos pasajes’. Para él era suficiente saber que todas aquellas declaraciones eran palabra de Dios. Sabiendo eso, confiaría en esa palabra, la seguiría, y dejaría que el Señor ‘armonizase esos pasajes’ si tal cosa fuese necesaria.
7.6      Gén 22:3  Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos mozos suyos, y á Isaac su hijo: y cortó leña para el holocausto, y levantóse, y fué al lugar que Dios le dijo. Gén 22:4  Al tercer día alzó Abraham sus ojos, y vió el lugar de lejos.
7.7      PP 146-147: “Cuando se disponían a principiar la jornada del tercer día, el patriarca, mirando hacia el norte, vio la señal prometida, una nube de gloria, que cubría el monte Moria, y comprendió que la voz que le había hablado procedía del cielo. Ni aun entonces murmuró Abrahán contra Dios, sino que fortaleció su alma espaciándose en las evidencias de la bondad y la fidelidad de Dios.  Se le había dado este hijo inesperadamente; y el que le había dado este precioso regalo ¿no tenía derecho a reclamar lo que era suyo?  Entonces su fe le repitió la promesa: "En Isaac te será llamada descendencia" (Gén. 21:12), una descendencia incontable, numerosa como la arena de las playas del mar.  Isaac era el hijo de un milagro, y ¿no podía devolverle la vida el poder que se la había dado?  Mirando más allá de lo visible, Abrahán comprendió la divina palabra, "considerando que aun de entre los muertos podía Dios resucitarle." (Heb. 11:19, V.M.). No obstante, nadie sino Dios pudo comprender la grandeza del sacrificio de aquel padre al acceder a que su hijo muriese; Abrahán deseó que nadie sino Dios presenciase la escena de la despedida.”
7.8      Gén 22:5  Entonces dijo Abraham á sus mozos: Esperaos aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí, y adoraremos, y volveremos á vosotros. Gén 22:6  Y tomó Abraham la leña del holocausto, y púsola sobre Isaac su hijo: y él tomó en su mano el fuego y el cuchillo; y fueron ambos juntos. Gén 22:7  Entonces habló Isaac á Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, mi hijo. Y él dijo: He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto? Gén 22:8  Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos. Gén 22:9  Y como llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña, y ató á Isaac su hijo, y púsole en el altar sobre la leña.
7.9      A. T. Jones – RH 31/01/1899: Abraham se dijo: –Dios ha dicho, ofrece a Isaac como ofrenda ardiente. Así lo haré. Dios ha dicho, "en Isaac te será llamada descendencia"; y, tu simiente será tan numerosa como las estrellas del cielo. Una vez interferí en la promesa, y la estuve impidiendo, hasta que rechacé todo lo que había hecho, y me volví a la sola palabra. Entonces, de forma milagrosa, Dios me dio a Isaac, la simiente prometida. Ahora Dios me dice, ofrece a Isaac, la simiente prometida, en ofrenda ardiente. Lo haré así: Dios me lo dio al principio mediante un milagro, y mediante un milagro lo puede restaurar. No obstante, cuando lo haya ofrecido como una ofrenda ardiente, estará muerto; el único milagro que podrá entonces restaurarlo será el que lo devuelva de entre los muertos. Pero Dios es poderoso para hacer aun eso, y lo hará; ya que su palabra ha dicho que ‘tu simiente será como las estrellas en multitud, y en Isaac te será llamada descendencia’. Incluso levantar a Isaac de entre los muertos no será para Dios más difícil que lo que ya ha hecho; ya que, por lo que respecta a la fertilidad, tanto mi cuerpo como el de Sara no eran mejores que los de un muerto, y no obstante, Dios engendró a Isaac a partir de nosotros. Puede resucitar a Isaac de los muertos, y lo hará. ¡Bendito sea el Señor!
7.10  PP 147-148: “En el sitio indicado construyeron el altar, y pusieron sobre él la leña.  Entonces, con voz temblorosa, Abrahán reveló a su hijo el mensaje divino.  Con terror y asombro Isaac se enteró de su destino; pero no ofreció resistencia.  Habría podido escapar a esta suerte si lo hubiera querido; el anciano, agobiado de dolor, cansado por la lucha de aquellos tres días terribles, no habría podido oponerse a la voluntad del joven vigoroso.  Pero desde la niñez se le había enseñado a Isaac a obedecer pronta y confiadamente, y cuando el propósito de Dios le fue manifestado, lo aceptó con sumisión voluntaria.  Participaba de la fe de Abrahán, y consideraba como un honor el ser llamado a dar su vida en holocausto a Dios.  Con ternura trató de aliviar el dolor de su padre, y animó sus debilitadas manos para que ataran las cuerdas que lo sujetarían al altar.”
7.11  Gén 22:10  Y extendió Abraham su mano, y tomó el cuchillo, para degollar á su hijo.
7.12  PP 147: “Por fin se dicen las últimas palabras de amor, derraman las últimas lágrimas, y se dan el último abrazo.  El padre levanta el cuchillo para dar muerte a su hijo, y de repente su brazo es detenido.”
7.13   Gén 22:11  Entonces el ángel de Jehová le dió voces del cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Gén 22:12  Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; que ya conozco que temes á Dios, pues que no me rehusaste tu hijo, tu único; Gén 22:13  Entonces alzó Abraham sus ojos, y miró, y he aquí un carnero á sus espaldas trabado en un zarzal por sus cuernos: y fué Abraham, y tomó el carnero, y ofrecióle en holocausto en lugar de su hijo. Gén 22:14  Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá. Por tanto se dice hoy: En el monte de Jehová será provisto. Gén 22:15  Y llamó el ángel de Jehová á Abraham segunda vez desde el cielo, Gén 22:16  Y dijo: Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único; Gén 22:17  Bendiciendo te bendeciré, y multiplicando multiplicaré tu simiente como las estrellas del cielo, y como la arena que está á la orilla del mar; y tu simiente poseerá las puertas de sus enemigos: Gén 22:18  En tu simiente serán benditas todas las gentes de la tierra, por cuanto obedeciste á mi voz.
  PP 148-149: “El gran acto de fe de Abrahán descuella como un fanal de luz, que ilumina el sendero de los siervos de Dios en las edades subsiguientes.  Abrahán no buscó excusas para no hacer la voluntad de Dios.  Durante aquel viaje de tres días tuvo tiempo suficiente para razonar, y para dudar de Dios si hubiera estado inclinado a hacerlo.  Pudo pensar que si mataba a su hijo, se le consideraría asesino, como un segundo Caín, lo cual haría que sus enseñanzas fuesen desechadas y menospreciadas, y de esa manera se destruiría su facultad de beneficiar a sus semejantes.  Pudo alegar que la edad le dispensaba de obedecer.  Pero el patriarca no recurrió a ninguna de estas excusas.  Abrahán era humano, y sus pasiones y sus inclinaciones eran como las nuestras; pero no se detuvo a inquirir cómo se cumpliría la promesa si Isaac muriera.  No se detuvo a 
El principio que de aquí se extrae es que no hemos de rechazar ningún texto de la biblia como no inspirado aunque  contradiga nuestras interpretaciones más acariciadas. Veamos el mismo ejemplo de Jesús.
discutir con su dolorido corazón.  Sabía que Dios es justo y recto en todos sus requerimientos, y obedeció el mandato al pie de la letra.

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